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martes, 4 de noviembre de 2014

Balada

Cuarto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quiquede Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en sus lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.




                                                             Vicente Huidobro

Poeta chileno nacido en Santiago el 10 de enero de 1893 y fallecido en Cartagena (Chile) el 2 de enero de 1984.

                                          "Estamos en el ciclo de los nervios.
                                           El músculo cuelga, como recuerdo, 
                                           en los museos. Mas no por eso tenemos menos fuerza;
                                           el rigor verdadero reside en la cabeza"







BALADA DE LO QUE NO VUELVE

Venía hacia mí por la sonrisa
por el camino de su gracia
y cambiaba las horas del día
El cielo de la noche se convertía en el cielo del amanecer
el mar era un árbol frondoso lleno de pájaros
las flores daban campanadas de alegría
y mi corazón se ponía a perfumar enloquecido.

Van andando los días a lo largo del año
¿En dónde estás?
Me crece la mirada
se me alargan las manos
en vano la soledad abre sus puertas
y el silencio se llena de tus pasos de antaño
Me crece el corazón
se me alargan los ojos
y quisiera pedir otros ojos
para ponerlos allí donde terminan los míos.
¿En dónde estás ahora?
¿Qué sitio del mundo se está haciendo tibio
con tu presencia?
Me crece el corazón como una esponja
o como esos corales que van a formar islas
Es inútil mirar los astros
o interrogar las piedras encanecidas
Es inútil mirar ese árbol que e dijo adiós el último
y te saludará el primero a tu regreso
Eres substancia de lejanía
y no hay remedio
andan los días en tu busca
a qué seguir por todas partes la huella de sus pasos
el tiempo canta dulcemente
y si mis ojos os dicen
cuánta vida he vivido y cuánta muerte he muerto
ellos podrían también deciros
cuánta vida he muerto y cuánta muerte he vivido.

¡Oh mis fantasmas! ¡Oh mis noches espectros!
La noche ha dejado noche en mis cabellos
¿En dónde estuve? ¡Por dónde he andado?
¿Pero era ausencia aquella o era mayor presencia?

Cuando las piedras oyen mi paso
sienten una ternura que les ensancha el alma
se hacen señas furtivas y hablan bajo:
Allí se acerca el buen amigo
el hombre de las distancias
que viene fatigado de tanta muerte al hombro
de tanta vida en el pecho
y busca dónde pasar la noche.

Heme aquí ante vuestros limpios ojos
heme aquí vestido  de lejanías
atrás quedaron los negros nubarrones
los años de tinieblas en el antro olvidado
Traigo un alma lavada por el fuego
vosotros me llamáis sin saber a quién llamáis
Traigo un cristal sin sombra, un corazón que no decae
la imagen de la nada y un rostro que sonríe
Traigo un amor muy parecido al universo
La poesía me despejó el camino
ya no hay banalidades en mi vida
¿Quién guió mis pasos de modo tan certero?

 Mis ojos dicen a aquellos que cayeron
disparad contra mí vuestros dardos
vengad en mí vuestras angustias
vengad en mí vuestros fracasos
Yo soy invulnerable
he tomado mi sitio en el cielo como el silencio.

Los siglos de la tierra me caen en los brazos
yo soy amigos el viajero sin fin
Las alas de la enorme aventura
batían entre inviernos y veranos
mirad cómo suben estrellas en mi alma
desde que he expulsado las serpientes
del tiempo oscurecido.

¿Cómo podremos entendernos?
Heme aquí de regreso de donde no se vuelve
compasión de las las y piedad de los astros
¡Cuánto tiempo perdido! Este es el hombre de las lejanías
el que daba vuelta las páginas de los muertos
sin tiempo, sin espacio, sin corazón, sin sangre
El que andaba de un lado para otro
desesperado y solo en las tinieblas
solo en el vacío
como un perro que ladra hacia el fondo de un abismo

Este es aquel que durmió muchas veces
allí donde hay que estar alerta
donde las rocas prohíben la palabra
Allí donde se confunde la muerte con el canto del mar
ahora vengo a saber que fui a buscar las llaves
He aquí las llaves
¿Quién las había perdido?
¿Cuánto tiempo hace que se perdieron?
Nadie encontró las llaves perdidas en el tiempo y en las brumas
¡Cuántos siglos perdidas!

Al fondo de las tumbas
al fondo de los mares
al fondo del murmullo de los vientos
al fondo del silencio
He aquí los signos
¡Cuánto tiempo olvidados!
Pero entonces, amigo, ¿qué vas a decirnos?
¿Quién ha de comprenderte? ¿De dónde vienes?
¿En dónde andabas? ¿En qué alturas, en qué profundidades?
Andaba por la historia del brazo con la muerte
Oh hermano, nada voy a decirte
cuando hayas tocado lo que nadie puede tocar
Más que el árbol te gustará callar.-



                                                                 Vicente Huidobro





Imágenes: Pinturas de Charles Warren Mundy  (Indianápolis, EE.UU., 1945)




quiquedelucio@gmail.com



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