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martes, 20 de enero de 2015

Libro de los cielos

Cuarto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creaores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.


                                                                                Alejandro Susti

Poeta, compositor y profesor peruano, nacido en Lima en 1959. Doctor por la Universidad Johns Hopkins. Docente de la Universidad de Lima y de la Universidad Antonio Ruiz de Montoya.. Como poeta ha publicado. "Corte de amarras" (2001), "Casas de citas" (2004), "Cadáveres" (2009), "Escombros de los días" (2011), etc. Como investigador ha publicado distintos estudios en su país y en Argentina. Actualmente prepara una antología de la poesía peruana de los últimos cuarenta años.

     
                                                                         "Aquí dentro
                                                                          naciéndonos un terror desconocido
                                                                          cosiéndonos las venas
                                                                          cortándonos la cuerda del aliento"






LIBRO DE LOS CIELOS

Siglo a siglo esperando
alumbrarse en el libro de los cielos
la promesa repetida en el canto de las sirenas
la delicia intacta de una doncella
entre flores y abanicos hurtando miradas
las banderas de la victoria
los estandartes del crepúsculo
sobre la sangre de los prados
y los restos de la batalla:
tullidos rostros del desconsuelo
y del desamparo

Siglo a siglo viendo pasar
ciervos turbados en un beso de rosas
bosques derribando el pesado
sueño de sus búhos
esmeraldas de brillo antiguo mecerse
entre las estrellas del invierno
juglares de poca monta cargados de alforjas
y memorias olorosas a curtiembres de caballos
a combates atascados en la punta de una lanza
a duelos de palabra que ahora poco valen
en la balanza del usurero
o en la mano del verdugo

En los mercados de telas raídas y baratijas
los libros usados se agolpan
en su recuerdo de aventuras
las armaduras en su golpe silenciado
los jubones en la tristeza
de sus botones ahora inútiles
y no hay máscara
partitura
o pluma de escritura
que vaciada de su sonido
se conforte en el óxido seco del olvido
o bajo el vientre de la tortuga
que el tiempo desgarra

Y yo sentado
rumiendo mi hueso de fortunas esfumadas
el peso de doblones que no escucho
de martillos que tañen el vacío de mis bolsillos
las uñas carcomidas por el plomo del segundo
los ojos envueltos en la nube
del polvo que me cubre y me sostiene
inclinándome a buscar y nunca encontrar
la lente
el compás
el sueño que me guíe y me disponga
al brillo de unos ojos
al arco de una estrella
que me devuelva
la promesa
el voto
la vigilia vivida y abierta
en esta página del libro de los cielos
en esta víspera del tiempo
dormido y en silencio
repetido.-


CÍRCULO

Será posible
que vea yo ahora el mundo con tus ojos
y tiente las cosas con esta mirada
que abriéndose de repente me indaga
pregunta
se aparta

Que seas
en el aire de tus ojos
dedos sin memoria
asiendo los días
el tiempo de ser
tu cuerpo brotando
en el lazo
de mi tiempo

Y me lleves
en tu mano apretada
a enseñarme los pasos
los pájaros
la mirada en el mundo posándose
a inventarse de nuevo.-


LABIOS

Todo lo que tocan mis labios es silencio
todo lo que beben estas palabras:
un perro ladra detrás de mí
(no lo escuchas)
húmedos fósforos de la mañana
(no los tocas pero en ellos te quemarías)

Planto un árbol en tu patio
un pozo y en su garganta una canción
(pero acaso no hay árbol
patio canción y menos cenizas)
y la nieve empieza a caer cubriendo tu mirada de
lágrimas
de cenizas de un cielo antiguo
que no cesa en el ojo de los
copos
y sales
y te cubres de miríades de copos estrellándose en tu
luz

Acaso escuchas el silencio
de este cielo deteniéndose en las ramas
y en tus ojos encenderse un fuego nunca olvidado
acaso un bosque de nieve de flores suspendidas y troncos
sumergidos
y en él un ciervo restañando la herida del silencio
Sangra alba de los bosques de invierno
de negras cicatrices y níveos dedos
sangre de tus manos en esos bosques sumergidas
cubriéndose de lágrimas antiguas
de pisadas de ciervo en la huida del silencio

Pero dije un árbol y en su patio un pozo de antiguas
cuerdas y antiguos ojos
y en él una canción de nieve fundida que no regresará a
tus labios
y un perro ladra detrás de mí
un perro que repite palabras de ausencia.-


                                                                                   Alejandro Susti










Imágenes: Pinturas del artista español contemporáneo David Agenjo




quiquedelucio@gmail.com

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