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viernes, 7 de marzo de 2014

Poema de amor

                                                                  Carlos Marzal

Poeta, traductor y profesor de literatura español nacido en Valencia en 1961. Licenciado en Filología Hispánica por la Universidad de Valencia. Ejerce como crítico literario en el ABC Cultural. Ha publicado , entre otros, los poemarios: "El último de la fiesta" (1987), "Cuatro noches" (1988), "La vida de frontera" (1991), "Los países nocturnos" (1996), "Poesía a contratiempo" (2000), etc. Fue Premio Nacional de la Crítica y Premio Nacional de Poesía 2002 por "Metales pesados" y en el 2003, "Premo Loewe" por "Fuera de mí".


                                            "Ni más sabio, ni más puro, ni más fuerte.
                                             Todo es igual. Han cambiado las cosas.
                                             Nada de lo que diga importa demasiado,
                                             y todo sigue en el lugar de entonces"




EL POEMA DE AMOR QUE NUNCA ESCRIBIRÁS   poesía de Carlos Marzal


Debería nombrar (debería intentarlo)
el afán hasta hoy por ti dilapidado
en perseguir amor, que quizá fuera tanto
como el afán de huir, fatigado hasta el asco,
de todas las trastiendas, repletas de fracasos,
que los cuerpos arrastran,
y en que nos arrastramos.

Debería acoger, dar lugar a unos labios
que nombraran sin fe, sólo de cuándo en cuándo
-por momentos, sinceros; por momentos, falsarios-
diálogos de alcoba que pareciesen tangos
(eso acaban por ser, o algo más triste acaso,
siempre que en la distancia solemos evocarlos):

De esta vida tan sucia, de sus trabajos vanos,
me consuela, mi amor, el fingir, fabulando,
otra eterna contigo, tomados de la mano.
Y habría de alojar dictámenes sagrados,
con los que, ya bebidos, tanto nos excitamos:
De entre todas las perras que en la noche he tratado,

la más perra eres tú. Debería, malsano,
contener esas citas de los domingos vastos,
insulsas y festivas, amasadas de hartazgo,
en que la vida toda se obstina en maltratarnos,
con su aire de ramera experta en el contagio
del odio hacia la vida, del tedio y del cansancio.

No podrían faltar los cuerpos del verano,
cuando la adolescencia ardía por el tacto,
en especial aquel de todo lo vedado.
Ni habría de omitir el vicio solitario,
por el amor perdido en inventar los rasgos
del amor, que, entretanto, no dormía a tu lado.

Y en él habitarían con todo su sarcasmo
-al fin y al cabo son tristes muertos de antaño,
fragmentos de tu vida que salvas del naufragío-
las cartas sin respuesta; yesos aniversarios,
tiernamente ridículos después de celebrados,
que dejan en el alma aroma a mal teatro.

Y los reproches mutuos, merecidos y agrios,
dirigidos al centro del dolor, como un dardo
con toda la miseria que acarrean los años.
El placer del acoso, cuando el amor intacto,
y cuando la ignorancia, ese bálsamo arcano,
no señalaba límites al indudable ocaso.

El maldito poema tanto tiempo aplazado,
y que no escribirás, porque el tema es ingrato,
querría redimirte de todos tus letargos.
Una voz que te daña diría murmurando:
Del amor, amor mío, te quiero siempre esclavo,
para que tus palabras no tengan que inventarlo.

Quien a ese poema de amor dilapidado
incauto se atreviera, sin calcular el daño,
amaría el amor, probablemente tanto
como el afán de huir, fatigado hasta el asco,
de todas las trastiendas, repletas de fracasos,
que los cuerpos arrastran,
y en que nos arrastramos.-


                                                               Carlos Marzal



Imágenes: Pinturas del artista francés Jean-Baptiste Camille Corot  ( 1796-1875)



Publicación de Quique de Lucio para "Nos Queda
la Palabra"
quiquedelucio@gmail.com

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