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jueves, 30 de marzo de 2017

Un breve amorío


Sexto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a más de 1.800 escritores, respetando el derecho de autor.


Publicación N° 1.656-



                                                                                                                Daniel Jones

Poeta, novelista y editor canadiense, nacido en el distrito de Hamilton, en 1959 y fallecido por suicidio el 13 de febrero de 1994, a la edad de 33 años. Estudió en la Universidad de Toronto y fue merecedor de dos premios Norma Epstein en poesía. Su colección de poemas se reunió en 1985 con el título "The Braver Never Write Poetry", además fue colaborador de varias publicaciones canadienses como Piranha, What!, Paragraph, de la cual fue editor en jefe. También escribió las novelas "Osessions: A Novel in Parts (1992) y la póstuma "1978" en 1998, que trata sobre el fin de la escena punk en Toronto.



                                                                                          "Al final lo que nos molestó fue
                                                                                           el miedo a la aniquilación.
                                                                                           La vasta mayoría nunca superó
                                                                                           la segunda guerra y lentamente se derritió"










UN BREVE AMORÍO 

Salí de la cama y me fui
al baño. Al regreso, ella estaba en
su escritorio, escribiendo en un diario. Al
rato, ella fue a orinar. Abrí
su diario:

31 de diciembre de 1984:
Sexo con Jones, Fue razonablemente
atento. Bastante agradable.

Nos fumamos un cigarrillo y nos dormimos,
espalda contra espalda. Por la mañana me fui a
casa y escribí este poema.-



MEJOR CALIDAD DE VIDA

Toronto ya empezaba a cansarme,
me sentía asediado, aburrido,
tal vez hasta homicida. Fui a ver
a un loquero
                   "¿Y cómo qué sería
el problema?", me preguntó
                   "Bueno", dije yo,
"la cosa es esta: toda la gente que conozco parece
escribir poesía. Están en todos lados,
me sofocan, no se imagina lo
terrible que es eso".
El loquero se recostó
en su silla y cerró sus ojos. Luego
de un rato se sacudió y empezó a murmurar:
                                   "Um...
paranoia esquizofrénica...stelazine".
                                         Firmó
una prescripción, me dio la mano y volvió
a su cuaderno. Al levantarme para irme

lo miré de reojo: estaba escribiendo un poema.
Corrí a la farmacia.

                               fui a un café
un par de semanas después. Había
unas treinta personas sentadas, bebiendo
té herbal, con cara de aburridas, dobladas sobre
cuadernos y maletines. Una a una fueron
hasta el micrófono y leyeron de sus trozos
de papel:
               la mujer de un tipo le había dejado y él
no podía encontrar a otra;
               alguien más había experimentado
algún tipo de iluminación existencial mientras
olía una bellota;
                      una mujer rememoró,
con lágrimas en sus ojos, la muerte
de su abuela.

                    Todo fue muy hermoso. Yo
me sentía de maravilla. Entoné una suave alabanza
a la stelazine. No había ni un poeta
entre el gentío.-



LOS VALIENTES NUNCA ESCRIBEN POESÍA

Los valientes toman un tranvía a sus trabajos
temprano en la mañana, tienen accidentes de tránsito,
roban bancos. Los valientes tienen hijos, relaciones,
hipotecas. Los valientes nunca escriben estas cosas
en sus cuadernos. Los valientes mueren y quedan
muertos

Hay que tener cojones para ver televisión,
arreglarse el cabello, hacer una barbacoa.
Hay que tener cojones para volarse la fábrica
de bombas de Canadá y declararse culpable
arriesgando veinticinco años

Josef Brodsky estuvo en el exilio por su poesía y ahora él
vive en la tierra de los valientes. Ahí la gente
le gusta su poesía. Pero los valientes no la leen y
en Moscú hay gente haciendo colas en las calles
para comprar comida. Hay que tener cojones para conocer
algo de felicidad
y no escribir un poema al respecto

Y solo en mi habitación
clamo ahora a alguien, a quien sea. Deme alguien
la fortaleza para ser y no cuestionar el ser. Alguien
deme la fortaleza para no asomarme a los cafés y
a las bibliotecas. Deme alguien la fortaleza para
no enviar solicitudes al Consejo Canadiense para las Artes.
Alguien deme la fortaleza para no escribir poesía

Pero nada. Nadie. Las calles no han
reventado. Los tranvías pasan. El reloj
se ha movido otra pulgada

Ernesto Cardenal no escribirá poemas mientras
los EE.UU. hagan guerra en su país. Esto lo leo
en la revista Playoy. Al rato miro la imagen
de una mujer desnuda, sus piernas abiertas sobre
el desplegable y comprendo,
que ella nunca escribiría poesía.

Es primavera en Toronto. Estoy enamorado.-




CHAMBA

Tomé una chama temporal con la Liga
Canadiense de Poetas y la noche antes
de empezar pedí veinte dólares prestados
deducibles de mi salario y salí a beber.

Al día siguiente desperté enfermo y
llegué una hora tarde. Mi escritorio estaba repleto de
libros que debía empacar y enviar
por correo. Me fumé un par de cigarrillos
y leí algunos de los libros. La gente no paraba
de moverse de aquí para allá hablando
de becas para artistas fechas de entregas
y problemas varios con la fotocopiadora.
Yo encendí otro cigarrillo y
empecé a empacar los libros.luego de
armar como tres paquetes bajé para ir
a la oficina de correos. De camino entré
a una taberna y pedí una cerveza
me la bajé rápido y pedí dos más
Cuando volví
a la oficina, el teléfono estaba sonando. Lo
contesté: un poeta de la U de Montreal
no iba a poder venir a una lectura:
"no se preocupe", le
dije, "de por sí nadie va a asistir"
Sonó otra vez el teléfono: que ella había escrito
un libro de poesía y quería saber qué
hacer con él ahora. Le di la dirección
del poeta de la U de Montreal
y sugerí que se lo hiciera llegar

La otra gente en la oficina
me miraba con extrañeza
     "me voy a almorzar",
dije y salí de allí

                          Me fui de vuelta a la taverna
y me tomé dos cervezas más. Debería comer algo,
me puse a pensar, pero como ya era muy tarde: salí
de la taberna y vomité sobre
la nieve fresca y unas palomas se acercaron
al punto
                Fue
un bonito y soleado día. Se sentía bien otra vez
tener chamba.-




                                                                                                                Daniel Jones




Imágenes: Pintura digital de Ayassaki Rika






quiquedelucio@gmail.com

          

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