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martes, 9 de septiembre de 2014

Pájaro de caos


Cuarto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.



                                                            Eduardo Valverde

Poeta de Costa Rica nacido en San José, en 1980. Cursa la Maestría en Historia en la Universidad de Costa Rica. Participó en la Revista Cultural  "Calle 3". Sus poemas se han publicado, entre otros, en "La frontera del ocio", "La Malacrianza" del Semanario de la Universidad, etc.


                                         "No regreso porque todo es bruma tras los días
                                         que acumulan anaqueles y mariposas desmembradas,
                                         bruma tras los autobuses que inventaron los barrios
                                         y los abandonaron a su paso" 





OFELIA DISTRAÍDA

Sin embargo fue ella
con un pecho de dos lunas saludables y saladas
Violetera con pecho de animala rugidora
que levanta el polvo tras los trenes
para inventar distancias y canciones de viajeros
Violetera me fundó ciudades
en las avernas del músculo arenoso
y en cada una puso un viejo criador de perros
que lamen sus ruinas monumentales
y olisquean sus ancestrales imaginarios

Ofelia o Violetera
o muchacha de pechos como grutas de confianza
donde imaginar el fuego y tallarlo con palabras
me fundó ciudades y les acercó el viento
con un gesto del vestido
ciudades donde había solo ecos en reposo
y les puso parques que hospedan la niebla
para que los niños asesinos duerman y sueñen
sus venganzas
les acercó el viento Violetera
con un tañer de falda lleno de ánimos de pájaro
o de todo lo que vuela.

Ofelia o Violetera o
como se llaman las mujeres
porque es buena
se distrajo
para entrarme en sus espasmos
y fundarme ciudades
en la máquina que pulsa
en el músculo arenoso
en la arena del molusco
se distrajo Violofelia.-


CANCIÓN DE ENERO

Cualquiera de estas noches resumimos.

Una mujer hermosa escarba en su bolso,
busca una llave o un espejo,
tal vez monedas o un apunte;
desde ora mesa acordamos que esa imagen
podría perfectamente ser la eternidad.

Ahora nunca lloramos sobrios,
costumbres que llegan con los años.

Otra imagen, otra mujer, en un cuento de Tabucchi,
se encuentra detenida sobre un paisaje árido,
una manada de caballos
salvajes corren alrededor de ella
que cree estar desnuda y no entiende qué hace ahí,
mordiendo el polvo que levanta su visión:
Los emblemas de la nada.-


NÚMEROS ROJOS

El tráfico aéreo sobre los desiertos
donde haya una columna y sobre ella una estilita,
las recetas de cocina y de farmacia,
el deja vu en las ventanillas de los autobuses,
el encono de las loras mutiladas,
las sombras ominosas que se alargan
hasta alearse con la totalidad,
la deshonra de los atropellados,
aquel verso de "le dice burlona -carita gitana
¿cómo hacer buen vino de una cepa enana?",
la whirpool de la esposa del mecánico,
los retratos de familia, las tumbas desatendidas,
los predios municipales, el ángel bueno de Alberti,
la electrificación de las guitarras,
y el vino y cerveza,
el trillito de migajas a la ebriedad,
las ganas de perder cuanto se gana.

Hicimos varias listas:
el lánguido suceso de la amistad.

Los emblemas de la nada.-


INVOCACIÓN A BILLY THE KID

Yo quería hacerme el loco
pero el Quijote acababa en desamparo.
Quise ser hijo de padre y madre
pero Comala era un gran desierto
visitado en las noches por el fuego
y Hamlet moría envenenado y huérfano
pidiéndoles testigos a las piedras.

-lo demás es silencio-

Sigo pensando que el corazón es arenoso y fuerte
y en él hay algo que galopa
como un bólido de los suburbios
o un tren que cruje
por los extensos condados de lo blanco;
como una banda de vaqueros
bajo el cielo de la luna nueva
o un niño enloquecido que aprende a leer.-



                                                              Eduardo Valverde





Imágenes:  Pinturas del artista francés George Braque  (1882 - 1963)




quiquedelucio@gmail.com

lunes, 8 de septiembre de 2014

Canta en la noche

   Cuarto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor. 



                                                             José de Espronceda

Poeta español nacido en Pajares de la Vega, Extremadura el 23 de marzo de 1808 y fallecido en Madrid el 23 de mayo de 1842.


                                                      "Trae, Jarifa, trae tu mano,
                                                       ven y pósala en mi frente.
                                                      Que un mar de lava hirviente
                                                       mi cabeza siento arder."



           
CANTA EN LA NOCHE

Canta en la noche, canta en la mañana.
Ruiseñor, en el bosque tus amores;
canta, que llorará cuando tú llores
el alba perlas en la flor temprana.

Teñido el cielo de amaranto y grana,
la brisa de la tarde entre las flores
suspirará también a los rigores
de tu amor triste y tu esperanza vana.

Y en la noche serena, al puro rayo
de la callada luna, tus cantares
los ecos sonarán del bosque umbrío.

Y vertiendo dulcísimo desmayo,
cual bálsamo suave en mis pesares,
endulzará tu acento el labio mío.-


LAS QUEJAS DE SU AMOR

Bellísima parece
al vástago prendida,
gallarda y encendida
de abril la linda flor;
empero muy más bella
la virgen ruborosa
se muestra, al dar llorosa
las quejas de su amor.

Suave es el acento
de dulce amante lira,
si al blando son suspira
de noche el trovador;
pero aún es más suave
la voz de la hermosura
si dice con ternura
las quejas de su amor.

Grato es en nombre umbría
al triste caminante
del alma radiante
mirar al resplandor;
empero es aún más grato
el alma enamorada
oír de su adorada
las quejas de su amor.-


SONETO

Fresca, lozana, pura y olorosa,
gala y adorno del pénsil florido,
gallarda puesta sobre el ramo erguido,
fragancia esparce la naciente rosa.

Mas si el ardiente sol lumbre enojosa
vibra, del can en llamas encendido,
el dulce aroma y el color perdido,
sus hojas lleva el aura presurosa.

Así brilló un momento mi ventura
en alas del amor, y hermosa nube
fingí tal vez de gloria y de alegría.

Mas ¡ay!, que el bien trocóse en amargura,
y deshojada por los aires sube
la dulce flor de la esperanza mía.-


LA CAUTIVA

Ya el sol esconde sus rayos,
el mundo en sombras se vela,
el ave a su nido vuela.
Busca asilo el trovador.

Todo calla; en pobre cama
duerme el pastor venturoso:
En su lecho suntuoso
se agita insomne el señor.

Se agita; más, ¡ay! reposa
al fin en su patrio suelo;
no llora en mísero duelo
la libertad que perdió.

Los campos ve que a su infancia
horas dieron de contento,
su oído halaga el acento
del país donde nació.

No gime ilustre cautivo
entre doradas cadenas,
que si bien de encanto llenas,
al cabo cadenas son.

Si acaso, triste lamenta,
en torno ve a sus amigos,
que, de su pena testigos,
consuelan su corazón.

La arrogante erguida palma
que en el desierto florece,
al viajero sombra ofrece,
descanso y grato manjar.

Y, aunque sola, allí es querida
del árabe errante y fiero,
que siempre va placentero
a su sombra a reposar.

Mas, ¡ay triste!, yo cautiva,
huérfana y sola suspiro,
el clima extraño respiro,
y amo a un extraño también.

No hallan mis ojos mi patria;
humo han sido mis amores;
nadie calma mis dolores
y en celos me siento arder.

Supe amar como ninguna,
supe amar correspondida;
despreciada, aborrecida,
¿no sabré también odiar?

No soy ya del castellano
la sumisa enamorada;
soy la cautiva cansada
ya de dejarse oprimir.-


                                                       José de Espronceda




Imágenes: Pinturas del artista español Vicente Romero Redondo  (1956)


quiquedelucio@gmail.com

domingo, 7 de septiembre de 2014

Muchachas poetas

Cuarto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.


                                                     Pedro Enrique Rodríguez

Poeta y psicólogo venezolano nacido en Maracaibo en 1974. Es profesor de la Universidad Católica Andrés Bello. Ha publicado los libros: "Oficio de lectores - Textos de detectivismo literario"  (2008), "El silencioso vuelo de los peces" (2009). Fue ganador del Concurso de Poesía José Barroeta 2012 convocado por la IX Bienal de Literatura Mariano Picón-Salas, con el poemario "La fugaz caligrafía del resplandor". También obtuvo el II Premio Equinoccio de Poesía Eugenio Montejo, 2014.


                                           "No hablas de ti, no se trata de ti.
                                            No se trata de estas tardes falaces
                                            que ya no existen y en las que
                                            estuviste atrapado sin saberlo"




24

Me gustan las venganzas que de tanto en tanto
escriben las muchachas solitarias,
esas furiosas leonas dormidas,
poetisas a las que casi nadie desea.
A las que nadie interesa publicar. A las que muy pocos leen.
Improbables invitadas a los coloquios de lujo.
Eterno público de los mediocres recitales en las plazas.
Sus venganzas son honestas:
profetas de un mundo nunca conquistado.
Mariposas fallidas,
a quienes todos han dicho con desdén
que son bellas por dentro.
Artistas de la introspección
que cultivan y odian, precisamente,
ese trozo de hielo que les habita
y que conocen al dedillo,
donde solo encuentran
sustancias gelatinosas, parajes de gases cósmicos,
fotos desgastadas que conservan un grito.

Las define el temor y la tentación de la vida y de la muerte.
A veces tienen cosas importantes que decir al respecto,
pese al desdén del auditorio,
pese al fatídico ámbito de autoayuda
que intentan ofrecerle los talleres de escritura
que nunca necesitaron pero a los que,
por un furioso y tímido anhelo de compañía,
siempre pertenecen.

Son lo que son, y bien nos valdría saberlo.
Profetas que nunca lograrán dar con el número de la lotería.
Adivinadoras que chocan, en las noches,
con las puertas abiertas de los anaqueles de la cocina.
Copistas de verdades profundas que queremos ignorar
y que ellas se toman el trabajo de apuntar
en sus cuadernos
pese a que la fama y el éxito corresponda, siempre,
a otras muchacha mucho más bonitas.

Todo les ocurre. Todo les daña.
Episodios psicóticos, psoriasis,
obesidad mórbida,
patología de un triste y vago exotismo.
El recuerdo amargo y sólido
de una mañana de febrero sometidas
a la lenta tortura de una curva de la glucosa.
Malos resultados.
Un médico de pelo blanco que mueve la cabeza
y después les olvida para siempre.

Conocí a una muchacha psicótica que escribía poemas.
Leí algunos.
Cosas hermosas.
Estaba brava, estaba aturdida, estaba asustada.
Contaba sus historias con el shampoo que debía guardar
junto a su cama,
durante los meses de hospitalización.
Las hojas que caían de los árboles en el mes de mayo.
Las noches lentas y repetitivas donde la luna,
una luna que era también una oreja,
escuchaba los pensamientos eróticos
que ella apuntaba secretamente,
escondida bajo las sábanas
desnuda y fría y pálida.
Urdiendo un puñal para matar la noche.-


.I

En los años noventa,
poco antes de que se acabase el mundo,
las páginas culturales de los periódicos
(las mismas mariposas sucias de Tranströmer)
nos daban las partes del Apocalipsis.
El hombre, nos decían, había muerto.
También estaba muerta la historia,
el futuro, los conceptos.
Los lentos suplementos culturales
hacían las veces de páginas de sucesos.
Yo las imaginaba escritas por el comisario Treviranus,
triste y somnoliento,
quien redactase sus noticias en mangas de camisa
mientras un viejo tocadiscos RCA Victor
dejaba sonar un suspiro de Debussy
y un lejano estuario brillaba como arena del desierto.

Eran los tiempos de la historia policial
ilustrada con los cuadros de De Chirico.
De toda la taimada genealogía de los disparos de nieve.
Estábamos suspendidos  en el centro de la nada.
Imitábamos a una ráfaga de lluvia
que se estrella contra la superficie del parabrisas
en una carretera sola del Canadá.
El final era eso. Esa quietud.
Esa desoladora trivialidad.

Me pasaba casi todo el día en una universidad,
en su biblioteca, en sus salones espaciosos y fríos,
en los cubículos de sus salas de estudio,
o tumbado en la grama bajo las ceibas
mirando el paso de las nubes.
Leía, leí, todos los libros que me fueron posibles.
En el fondo, buscaba a Mesopotamia.
La imagen de una ciudad que descubrí,
aun sin saberlo, muchos años antes
cuando era todavía un niño
en el último filón de una ciudad
incendiada por el color rojo de la tarde,
por una melancolía que solo era mía;
un mundo donde habitaba una madre triste y sola,
un padre que fumaba un cigarrillo tras otro
mirando caer la tarde,
intentando comprender la magnitud de su derrota.-


                                                     
                                                         Pablo Enríque Rodríguez




Imágenes: Pinturas del artista Odilon Redon  (Francia, 1840 - 1916)


quiquedelucio@gmail.com

viernes, 5 de septiembre de 2014

Suspiro

Cuarto año de una antojadiza antología de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.



                                                             Hans Schuter

Poeta, traductor y profesor de Castellano y Filosofía chileno nacido en Santiago en 1957. Como escritor su trabajo poético ha sido traducido y publicado en italiano, francés e inglés. Su obra poética aparece en varios sitios literarios, donde desarrolla el Catastro digital: "Generación de poetas chilenos nacidos en el 50". Ha publicado también "Tras la muralla del paisaje, Valdivia" en 1985 y  "Lo maravilloso es tan maravilloso que deja de ser maravilloso" en 1980.

                                               
                                                  "En qué quedamos
                                                   solías decirme al oído
                                                   no hay nada tan amable como el
                                                   aserrador de Baudelaire
                                                   que arroja a su mujer al agua"




SUSPIRO

A eso del amanecer
enciendes la luz
y ves la araña del rincón
que atrapa su zancudo
su polilla de toda la vida,
desde tu cama asistes al festín
negándote
a volver
a ser
la mosquita muerta.-


SUSPIRO 48

Y ahora,
en cada ir y venir
se rompe la inmensa humedad de
tus recuerdos,
de tanto en tanto
la espuma besó tus pies
y te ves a ti misma de ocho años
corriendo y gritándole al mar
de los cuarenta,
cuando una mano guiaba tus pasos
por la arena
y en cada ir y venir
se borra todo.-


DE PIRCAS

Siempre fue ayer en la memoria
con tus paredes chorreando por la
humedad de besos
siempre fue ayer.
Como una hortensia azul y
prodigiosa
iluminando al sol de la tarde
siempre fue ayer.

Y hay confusión apretada a palos secos y malezas
junto a la higuera mayor que aún está sin hojas.

Y es que, siempre fue ayer en la memoria,
a pesar de tus gestos desvalidos
y pechos sonrientes,
siempre fue ayer,
aunque desnudes la silueta recortada en la ventana
cada vez más tarde,
siempre fue ayer.-


LA VOLADORA MIRA PARA ATRÁS

En enjambre de brujos
revuelven, se rozan
y chocan en el aire.
Y mientras los ingenuos creen
en fuegos de artificio,
en el año nuevo
en las bondades del arte.

La voladora
sentada en su lágrima,
se detiene un instante ante tus ojos
para desaparecer.-


MANOJITOS

Ay, manojito de lluvia
Ay, manojito de frío
la Yegua va galopando,
se la lleva su destino.
Y corre desde los cerros
sorteando cualquier camino.

Ay, manojito de lluvia
Ay, manojito de frío
la Yegua va galopando,
se la lleva su destino.-



                                                              Hans Schuter




Imágenes: Pinturas del artista ruso Vladislav Nagornov


quiquedelucio@gmail.com

jueves, 4 de septiembre de 2014

Ella lo sabe

Cuarto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.



                                                           José Abreu Felippe

Poeta, narrador y dramaturgo cubano nacido en La Habana el 19 de marzo de 1947. Ha publicado los libros de poesía: "Orestes de noche" (1985), "Cantos y elegías" (1992), "El tiempo afuera", que obtuviera el Premio Intenacional de Poesía Gastón Baquero  2000, "De vuelta" (2012), etc. Además tiene dos volúmenes de relatos editados en Miami, lugar donde actualmente reside y la novela "Siempre la lluvia" (1993) , que fue finalista en el Concurso Letras de Oro 1993.


                                             "El vecino descubrió, al fin,
                                             dónde se escondían esas ranas
                                             que cada noche, trabajosamente,
                                             subían a mi escalera, a disputarle la comida a mis gatos.
                                             A estacazos, triunfal, las mató a todas"




ELLA LO SABE

Ella va calando,
va abriendo su surco, lo humedece
como ritmo de olas o de ráfaga.
Ella se hincha y el sudor
araña las paredes.
Se desliza, respira sobre la nuca
erizándola,
luego retrocede.
Piel que descorre terrores tibios
como lengua,
como fuego a veces.
Así se rinde, es cuerpo,
pero ella se adentra,
gana espacio, se posesiona.
Las manos parecen semanas
u hojas crispadas al calor de la tarde.
Algo cruje, algo se expande como un niño.
Las otras ruedan, tropiezan, se contraen, huelen.
¿Qué diría ella
de unos labios abiertos en un grito
que no se escucha?
El dolor le provoca espasmos
con olor a tela almidonada.
El pecho se dilata,
está vivo, respira.
La hierba es oscura y trae presagios.
Ella lo sabe y se aproxima, toca fondo.
Llora profundo,
después se duerme,
late.-


MIEDO

El miedo viene a mi cama
y se acuclilla sobre mi almohada.
Veo sus agujeros
goteando sobre mi cara,
su colgajo blando sobre mi boca.
Es pez que agoniza,
que boquea.

Con entusiasmo
reproduzco la mueca con mis labios.-


EL CAMINO DE MITILENE

Al alcanzar tu cuerpo llego a tu tierra
y gozo el campo abierto.
En enero veremos aguinaldos,
todavía blancas enredaderas de aguinaldos y dulce
la miel entre tus labios,
tu cuerpo ondas y hay abrigo.
Recojo ramas y hago un fuego familiar
sobre tu pecho.
No tendremos invitados, solo
nosotros dos y vemos
los objetos queridos adormilados sobre la hierba.
Como es de noche conversamos haciéndonos caricias
y añoramos el verano.
La piel de tu espalda es tan blanca como la hierba,
aún húmeda, levanta ronchas, enormes claros
sobre los que hago cruces con las uñas.
Paso suavemente mi mano por tu vientre,
recuesto mi cabeza, y siento como es que,
entre mis manos, late el río.
En junio cumpliremos 6 años, me dices,
y yo te beso, apresuradamente,
para no hablar del tiempo.
Yo contemplo la fragilidad de mi palabra,
el desvanecimiento del sonido
en mis labios, cómo revientan,
como el tren de niño que nunca tuve y giran.
Desenredo y enredo el cabello que aparece
en una línea con el olor que tanto me gusta.
Como en un juego, como en el curso de los días,
y veo que ya no me lamento ni me apeno.
Ha pasado el tiempo y casi en tu oreja veo duendes y
casi avergonzado de que me oigas y para compensar
te digo que me falta el aire, que me estoy poniendo viejo,
después rozo la boca y tú tiemblas.
Así que por allá se llega a la nostalgia.
Debajo del cuello, junto al almendro, entre las hojas,
está  abuela con una mano apoyada en el muro
y la otra
haciendo visera sobre su único ojo,
creo que observándonos.
Tú no me atiendes y a cada paso
hay algo que distrae tu atención, como en los niños.
Por cualquier camino se llega a la nostalgia,
me asegura mi abuela,
pero yo finjo no escuchar y con la lengua
sigo el camino cada vez más estrecho de tu cuerpo,
y allí nos desnudamos.
Nademos contra la corriente, te digo, y nos lanzamos.
Yo voy detrás y me salpican enormes flores de aguinaldo.
Braceo y Dionisios escancia para nosotros la miel
del aguinaldo, la hierba se adentra en las orillas
y tomamos el sol sobre las piedras rodeadas de lomas azules.
Es por la tarde, vemos las sombras de las hojas sobre
nuestros cuerpos, y empezamos un canto
que sólo a nosotros nos exalta, un canto personal,
y viene la lluvia a nuestros cuerpos.
Somos muy jóvenes y nada sabemos de la muerte.
Yo me cobijo, y seguimos la marcha mas nunca
arribaremos.
En cuclillas miramos a lo lejos, tengo frío, me dices,
y las nubes van haciendo figuras en la tarde.
Tu rostro resplandece de sol y de amarillo y decidimos
ir arrojando por la borda todo lo eterno,
y desnudos, con la oscura esperanza de seguir,
perdernos en la noche.-


                                                            José Abreu Felippe




Imágenes: Pinturas de John Everett Millais  (Inglaterra,  1829 - 1896)



 quiquedelucio@gmail.com

miércoles, 3 de septiembre de 2014

Nocturno amor

Cuarto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor. 


                                                       Xavier Villaurrutia

Poeta mexicano nacido en México D:F el 27 de marzo de 1903 y fallecido el 25 de diciembre de 1950


                                             "Pongo el oído atento al pecho,
                                             como, en la orilla, el caracol al mar.
                                             Oigo mi corazón latir sangrando
                                             y siempre y nunca igual" 





NOCTURNO AMOR

El que nada se oye en esta alberca de sombra
no sé cómo mis brazos no se hieren
en tu respiración sigo la angustia del crimen
y caes en la red que tiende el sueño.
Guardas el nombre de tu cómplice en los ojos
pero encuentro tus párpados más duros que el
silencio
Y antes que compartirlo mataría el goce
de entregarte en el sueño con los ojos cerrados
Sufro al sentir la dicha con que tu cuerpo busca
el cuerpo que te vence más que el sueño
y comparo la fiebre de tus manos
con mis manos de hielo
y el temblor de tus senes con mi pulso perdido
y el yeso de mis muslos con la piel de los tuyos
Que la sombra corroe con su lepra incurable
ya sé cuál es el sexo de tu boca
y lo que guarda la avaricia de tu axila
y maldigo el rumor que inunda
el laberinto de tu oreja
sobre la almohadilla de espuma
sobre la dura página de nieve
No la sangre que huyó de mí como el arco
huye la flecha
sino la cólera circula por mis arterias
amarilla de incendio en mitad de la noche
y todas las palabras en la prisión de la boca
y una sed que en el agua del espejo
sacia su sed con una sed idéntica
De qué noche despierto a esta desnuda
noche larga y cruel noche que ya no es noche
junto a tu cuerpo más muerto que muerto
que no es tu cuerpo ya sino su hueco
porque la ausencia de tu sueño ha matado a la muerte
y es tan grande mi frío que con un calor nuevo
abre mis ojos donde la sombra es más dura
y más clara y más luz que la luz misma
y resucita en mí lo que no ha sido
y es un dolor inesperado y aún más frío y más fuego
No ser sino la estatua que despierta
en la alcoba de un mundo
en el que todo ha muerto.-


POESÍA

Eres la compañía con quien hablo
de pronto, a solas.
Te forman las palabras
que salen del silencio
y del tanque de sueño en que me ahogo
libre hasta despertar.
Tu mano metálica
endurece la prisa de mi mano
y conduce la pluma
que traza en el papel su litoral.
Tu voz, hoz de eco
es un rebote de mi voz en el muro,
y en tu piel de espejo
me estoy mirando mirarme por mil Argos,
por mí largos segundos.
Pero el menor ruido te ahuyenta
y te veo salir
por la puerta del libro
o por el atlas del techo,
por el tablero del piso
o la página del espejo,
y me dejas
sin más pulso ni voz y sin más cara,
sin máscara como un hombre desnudo
en medio de una calle de miradas.-


NOCTURNO SUEÑO

Abría las salas
profundas del sueño
y voces delgadas
corrientes de aire
entraban.

Del barco del cielo
del papel pautado
caía la escala
por donde mi cuerpo
bajaba.

El cielo en el suelo
como en un espejo
la letra azogada
dobló mis palabras.

Me robó mi sombra
la sombra cerrada
quieto de silencio
oí que mis pasos
pasaban.

Al frío de acero
a mi mano ciega
armó con su daga
para darme muerte
la muerte esperaba.

Y al doblar la esquina
un segundo largo
mi mano acerada
encontró mi espalda.

Sin gota de sangre
sin ruido ni peso
a mis pies clavados
vino a dar mi cuerpo.

Lo tomé en los brazos
lo llevé a mi lecho.

Cerraba las alas
profundas el sueño.-


                                                              Xavier Villaurrutia





Imágenes: Pinturas de Kim English



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martes, 2 de septiembre de 2014

Primavera


Cuarto año de una antojadiza antología de la poesía de todos los tiempos, seleccionada por el escritor Quique de Lucio. Esta pretende ser una antología cuyo sentido radica en la actividad del lector, en su lectura que organiza los textos como un proyecto de su propia aventura y goce creadores. Difundiendo a los hacedores, respetando el derecho de autor.



                                                                Octavio Paz

Poeta mexicano nacido en México D. F. el 31 de marzo de 1914 y fallecido el 19 de abril de 1998.   Premio Nobel de Literatura en 1990.


                                              "Pulida claridad de piedra diáfana,
                                              lisa frente de estatua sin memoria:
                                              Cielo de invierno, espacio reflejado
                                              en otro más profundo y más vacío"  





PRIMAVERA Y MUCHACHA

En su tallo de calor se balancea
la estación indecisa
abajo
un gran deseo de viaje remueve
las entrañas heladas del lago
cacerías de reflejos allá arriba
la ribera ofrece guantes de musgo a tu blancura
la luz bebe luz en tu boca
tu cuerpo se abre como una mirada
Te abres
belleza sin apoyo
basta un parpadeo
todo se precipita en un ojo sin fondo
basta un parpadeo
todo reaparece en el mismo ojo
Brilla el mundo
tú resplandeces al filo del agua y de la luz
eres la hermosa máscara del día.

Aunque la nieve caiga en racimos maduros
nadie sacude ramas allá arriba
el árbol de la luz no da frutos de nieve
aunque la nieve se disperse en polen
no hay semillas de nieve
no hay naranjas de nieve no hay claveles
no hay cometas ni soles de nieve
aunque vuele en bandadas no hay pájaros de nieve.

En la palma del sol brilla un instante y cae
apenas tiene cuerpo apenas peso apenas nombre
y ya lo cubre todo con su cuerpo de nieve
con su peso de luz con su nombre sin sombra.-


RAÍZ DE HOMBRE

Más acá de la música y la danza,
aquí, en la inmovilidad,
sitio de la música tensa,
bajo el gran árbol de mi sangre,
tú reposas. Yo estoy desnudo
y en mis venas golpea la fuerza,
hija de la inmovilidad.

Éste es el cielo más inmóvil,
y ésta la más pura desnudez.
Tú, muerta, bajo el gran árbol de mi sangre.-


SILENCIO

Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra crece y se adelgaza

hasta que en otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras sube caen
recuerdos, esperanzas.
Las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
Desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.-


DEL VERDECIDO JÚBILO DEL CIELO

Del verdecido júbilo del cielo
luces recobras que la luna pierde
porque la luz de sí misma recuerde
relámpagos y otoños en tu pelo.

El viento bebe viento en su revuelo,
mueve las hojas y su lluvia verde
moja tus hombros, tus espaldas muerde
y te desnuda y quema y vuelve hielo.

Dos barcos de velamen desplegado
tus dos pechos. Tu espalda es un torrente.
Tu vientre es un jardín petrificado.

Es otoño en tu nuca: sol y bruma.
Bajo del verde cielo adolescente.
Tu cuerpo da su enamorada suma.-


                                                         
                                                                    Octavio Paz







Imágenes: Pinturas del artista estadounidense  Aaron Westerberg



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